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Persio Asencio -viernes, 26 de marzo de 2010
Hablar de comunidad, en boca de algunos líderes y trabajadores comunitarios, llegará a ser una aberración, por lo distante que es hoy su significado, frente a la idea presentada por los humanistas del siglo XIX, al tratar dicho concepto.
El concepto de “comunidad”, desde sus orígenes ha sido tratado de diversos modos. Los más precisos en tratarlo fueron los integrantes de un grupo de investigadores que estudiaron las tribus indígenas de Estados Unidos, a finales del XIX, dando a conocer sus costumbres su forma de comunicación y su armonía con la naturaleza.
Sin embargo, para ese tiempo, entre las sociedades modernas y desarrolladas ya había echado raíces la idea de que las diferencias sociales son causa de problemas; surgieron lideres proponiendo nuevas medidas y, con ellos, sus partidarios en pos de imponer sus criterios como algo nuevo para solucionar los problemas. “Buscaban unir al mundo”.
Corrientes políticas como la Democracia, el Capitalismo y el Comunismo propusieron nuevas medidas para arreglar a la humanidad. Sin embargo, ninguna era nueva; y, aunque nuevo fueran sus expositores se basaban en lo dicho o hecho por alguien en el pasado. “Algunas de las medidas enunciadas en el Manifiesto Comunista parecen medidas de capitalismo de estado dado el carácter mismo de que en el 1844 era imposible establecer una sociedad mundial de posesión colectiva”. De ellos, heredamos parte del orden o del revú social de hoy en día. Las cosas buenas y las cosas malas siempre han sido parte de un todo.
Nuestros problemas son los mismos de siempre, con la salvedad de que pudiera existir un mayor afluente de “individuos puédelo-todo” que, ocasionalmente, inundan de arrogancia nuestro medio, confundidos quizás ante las oportunidades de accionar que aquí se nos ofrecen. ¡Cójanlo suave muchachos!
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Es ilusorio el pensar o pretender que alguien deba albergar a todas las comunidades bajo su ceno como solución a sus problemas. Las instituciones comunitarias y los líderes comunitarios son llamados, no a ser ellos la solución, sino, a participar en el desarrollo de las comunidades; mejor aún si son innovadores.
Nuestra diversidad y creatividad pueden ser nuestro mayor potencial. Pero, algunos ciudadanos, en su afán protagónicos, truncan el concepto de “comunidad” exponiendo formas tan variables que ya casi no se entiende en qué pie estamos parados al tratar asuntos comunitarios; sobre todo, en el caso de líderes auto-emergentes, oportunistas y todo-poderosos cuyas ideas son mercantiles.
Así, nuestra ventaja de identificarnos con gentilicios distintos es también mal interpretada, se nos ve como seres segregados. De ahí que alguien tuviera el regocijo de ser un gran líder, creyó haber logrado lo imposible, un día en que organizó una parranda en la que hubo mucha gente, derroche de dinero y alcohol. Pero, su verdadero gozo fue la gran cantidad de Dólares producto de su “actividad comunitaria”.
Áreas sociales como Salud y educación, Arte y Deporte, pueden ser usadas de trampolín para impulsar ese tipo de líderes. Ironía es escucharlos hablar de unión entre nosotros y luego expresar que es necesario una nueva institución comunitaria, repitiendo los proyectos de otras instituciones ya establecidas. ¿Sabrán lo que es ser original?
Algunos de ellos tendrán críticas positivas. Pero, a la larga, si no la comparten con esas instituciones las cuales pudieran ser reprendidas para contribuir a su desarrollo, si por lo contrario callan y se valen gentes influyentes para formar su grupo a parte, tienden a fomentar otros males; tales como: El hábito de chapotear los problemas, el chisme, el nepotismo y tráfico de influencia.
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