(Persio Asencio) DON MANUEL Y MR. JOHN
Cual si maldición fuere, no me llena tener conciencia, me interrumpe la razón. Papeles por las calles grasa en el pavimento: Mañas de los nuestros. Acera y jardín limpios basura en el zafacón: costumbre de los otros.
Perros sucios, sin vacunar los de los nuestros. Mascotas inteligentes los de los otros.
Gruesa cadena de goldfield, grandes jeepetas de lujos… -¡Es mi orgullo! (Exclama uno los nuestros) Niños asiduos a la lectura buen ambiente familiar… -¡Trato de ser bueno…! (Exclama uno los otros). Tapones en la cafetera chóferes violando el paseo -¡no soy tonto! (Exclama uno los nuestros). ¡Llegué tarde por el tapón ayudé a mantener el orden! -¡Es usted un buen ciudadano! (Exclama uno los otros).
¡Filas de ilusos sufragando en huevos de boa constrictora que nos persiguen allende los mares! ¡Ay!…, ¿Cómo son necios? ¡Prefieren seguir oprimidos…!
¿Por qué emigrantes perseguidos? ¿Por qué hispanoamericanos deportados? ¿Por qué, patrones…, los contratan? ¿Por qué esos bajos salarios?
Se agita en tormentas el Caribe con vida de dominicanos, haitianos y cubanos. Para no extinguirse, los carroñeros del Arizona, cobran cuotas en carne de mexicanos, centroamericanos y sudamericanos ¿Por qué emigrantes perseguidos? ¿Por qué latinoamericanos deportados?
Cual si maldición fuere, no me llena tener conciencia, me interrumpe la razón.
Don Manuel, riega su jardín y Mr. John se sienta en su balcón; ellos han sabido luchar fuerte, su método es secreto sembrado en el surco de sus miradas. (Discos maltratados, nervios pinchados y una artritis relampagueante entre dos lomas que chocan en su cordillera central).
-¡Buenas tardes don Manuel! -¡Buenas tardes Mr. John! Ellos son vecinos. Ellos se respetan, se reconocen sus esfuerzos en esta tierra hoy también de ellos; entre ellos no hay nuestros ni otros; entre ellos, los nuestros y los otros son una comunidad esperanzada en su propio bienestar; que progresa y trabaja, trabaja y progresa, trabaja. ¡Trabaja!
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